La electricidad española puede ser 100% renovable en 2030

Lo dice el informe “Cambio Global España 2020/50”, un documento codirigido por el presidente de honor de la Fundación Sustainlabour, Joaquín Nieto,  y el profesor de la Universidad Pontificia de Comillas Pedro Linares. El informe señala, además, “algunos de los pasos que habría que seguir en las próximas décadas en España para afrontar los cruciales desafíos energéticos y ambientales, y cambiar a un modelo energético sostenible”.

“Cambio Global España 2020/50. Energía, economía y sociedad”. Ese es el nombre completo del informe cuyo resumen ejecutivo fue presentado ayer, martes, en el décimo Congreso Nacional del Medio Ambiente (Conama) que está acogiendo esta semana Madrid. El objetivo final que plantea este documento es reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 y al 80%, en 2050 (con respecto al año 1990). El informe ha sido impulsado por el Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental y la Fundación Conama, y ha sido elaborado por un equipo de expertos co-dirigido por Pedro Linares, profesor de ingeniería de la Universidad Pontificia Comillas, y Joaquín Nieto, presidente de honor de la Fundación Sustainlabour.

“Cambio Global…”, informe que no se limita a la energía eléctrica, sino que contempla el conjunto del sistema energético, ha querido dar una importancia especial a la demanda (y menor a la oferta, tal y como hacen otros estudios similares). Así, y según Joaquín Nieto, “hemos dedicado una atención especial a la demanda, a la gestión de la demanda y a la reducción de la demanda”. Entre las principales conclusiones a que llega el documento, una destaca por su optimismo: el cambio de modelo es posible, apunta.

El informe analiza dos escenarios diferentes. El escenario base incluye los actuales objetivos de energías renovables marcados por la Unión Europea para 2020, o sea, cubrir el 20% del consumo energético final con fuentes renovables y reducir en un 20% las emisiones de CO2. Sin embargo, “Cambio Global…” considera que esto no sería suficiente para alcanzar una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero del 80% en el año 2050, reducción que impida que el calentamiento global supere los 2º. Por ello, propone un “escenario deseable” con medidas adicionales y mayores restricciones.

Muchos vehículos eléctricos
En ese escenario, las emisiones de CO2 se reducen un 30% a diez años vista, y un 50% a veinte años vista (reducciones computadas respecto a los niveles registrados en España en 1990). Este “escenario deseable” plantea que, cada año, de aquí a 2050, medio millón de viviendas sean rehabilitadas para conseguir un ahorro energético del 50% sobre el consumo de 2009 y que todas las nuevas viviendas construidas tengan una demanda energética un 80% inferior a la actual. Todo ello supondría un ahorro de la demanda energética global en el sector residencial y de servicios de un 46% en 2050 respecto a 2009.

En el sector del transporte, “Cambio Global…” ha considerado un aumento de la eficiencia en 2020 de un 22% respecto de la existente en el año 2000. Además, se ha supuesto una apuesta decidida por el vehículo eléctrico para el transporte de pasajeros con 2, 5 millones de vehículos en 2020, 5 millones en 2030 y 15 en 2050. También se propone un “cambio modal radical del transporte de mercancías”, que debería derivar hacia el transporte ferroviario. De esta forma, en 2020 un 10% de la demanda de transporte total de mercancías pasa de la carretera a las vías, en 2030 un 30% y en 2050 un 70%.

Según ha explicado, durante la presentación del informe, uno de sus co-directores, Pedro Linares, “lo que se ha hecho es ver a dónde se quiere llegar y estudiar cómo conseguirlo, cómo colocarlo en el marco de la viabilidad técnica y económica”. Así, y dados todos esos supuestos arriba apuntados, en el “escenario deseable”, el consumo de energía primaria en el año 2030 se reduciría en un 23% respecto del consumo del año 2009 y procedería de fuentes renovables en un 45%, según “Cambio Global…”.

Nuclear, no
Además, la energía nuclear desaparecería del escenario energético en 2030 (“una vez superada su vida útil todas las plantas actuales”, se apunta); el carbón y el gas verían reducida su participación, que quedaría limitada exclusivamente a la industria (y fuera pues del mix eléctrico), y el uso del petróleo se reduciría desde un 49% en 2009 hasta un 34% en 2030. La electricidad aumentaría en un 35% su participación en el sistema energético (del 20% en 2008 al 27% en 2030) y sería generada por energías renovables en un 70% en 2020 y en el 100% en 2030.

El informe también cree imprescindible que los precios de la energía recojan todos los costes de su uso, para que los consumidores y las empresas puedan alinear sus intereses con los de la sociedad. En esta línea, señala dos elementos esenciales. Por una parte, la reformulación de una estrategia energética concertada que establezca adecuadamente los objetivos integrales que se persiguen, las ventajas e inconvenientes de los mismos, y las políticas necesarias para alcanzarlo.

Por otra parte, también resulta especialmente recomendable, y más en estos momentos, una reforma fiscal verde –apunta el informe–, que permita desincentivar las fuentes energéticas no deseadas mediante señales de precio, pero que a la vez no suponga necesariamente un aumento de la carga fiscal, al reducir otras cargas. Asimismo, el trabajo entiende que también harían falta políticas para apoyar las actividades de I+D para las tecnologías menos maduras, con fondos públicos o creando un entorno favorable a la innovación y la iniciativa privada; o creando economías de escala para las que están ya en fase pre-competitiva.

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